Hace muchos años tuve un jefe que me decía que, si no sabes qué hacer, lo mejor es quedarse quieto. Y yo he intentado estar siempre en las antípodas de esa posición: mejor equivocarse por tomar un camino que quedarse en el cruce. Hay quien pueda tener de mí otra idea, y seguramente no le falte razón. Todo consiste en la posición desde la que se toma la perspectiva.
Decía esto porque, para aprender algo de urbanismo (al menos el lenguaje de ese mundillo aunque luego aprendí mucho más), comentaba en otro post que tuve que apoyarme en distintas fuentes. Y reconozco que en ocasiones llegué a ser un poco pesado con algunos de ellos. Mi máxima era algo así como "si no sabes, pregunta". Y eso es lo que hacía visitando constantemente a uno y a otro y, de forma inexplicable, generándome desconfianzas en el grupo de concejales. Quizá debieron pensar que yo quería acaparar todo el protagonismo o algo así. ¡Yo qué sé!. La verdad es que no tengo ni idea de por qué (parezco Mou), pero el caso es que me miraban con recelo. Y Esteo pidió que Duro revisara también los expedientes de urbanismo (algo que yo agradecí enormemente porque, sinceramente, no podía con todo). Cuando Duro los estudiaba, se acompañaba en ocasiones por Emilio. Y para mí eso no era un problema. Era un alivio. Y además los dos aprendieron muy rápido.
Bien. Hubo un momento en que ya me sentí más cómodo y empecé a pensar en política. Y a atender a lo que se decía tanto como a lo que estaba escrito en los expedientes. El caso es que no recuerdo quién -y de verdad que no recuerdo quién-, pero supe que el primer pago de un parcela que había sido adjudicada un par de meses antes, después de retrotraer el primer acuerdo de adjudicación y de declarar desierto el siguiente concurso-subasta, no había sido realizado. Alguna pista debieron darme -y de verdad que no recuerdo quién- pero el hecho es que tuve una reunión con el tesorero del Ayuntamiento y acabó confirmándome que, efectivamente, el pago no estaba hecho y que había un talón de 125M de pesetas pendiente de cobro. Me dió muchos más detalles, pero eso no viene al caso porque no es el objeto del post.
El asunto es que aquello me pareció irregular desde el punto administrativo lo mirara por donde lo mirara. Y no digo que fuera ilegal. Digo irregular, y, por lo tanto, susceptible de ser sometido a la labor de fiscalización que la oposición tiene que hacer al gobierno municipal. Lo hablé con Juan Tomás. Le informé de todo y con todos los detalles, aportando toda la documentación, y registramos una moción al pleno que, si bien era menos agresiva de lo que yo deseaba (la juventud, sin duda), exigía explicaciones y sanciones.
¿En qué terminó aquello? Pues en que Esteo me pidió que me calmara y que rebajara mi nivel de agresividad y ya está. Y ¡ojo al dato! no quiero dar a entender nada que no haya escrito. Lo repito: con otras palabras, me pidió que me tranquilizara. Punto.
El caso es que nunca recibí una explicación de por qué no debíamos ser agresivos y eso no me gustó nada. No ví en él al jefe de la oposición que se quiere comer al equipo de gobierno por los menudillos. Dejé de confiar en él. Pero sólo en él. Porque la verdad es que siempre me parecíeron admirables la capacidad de aguante de Duro y la coherencia de Emilio. Y lo digo sin segundas. Nunca encajé personalmente con ellos, pero a mí, sus aportaciones me gustaban mucho. Y creo que Emilio podría haber hecho un muy buen papel en la política local.
"Todos tenemos en el fondo la misma tendencia, es decir, a irnos viendo en las diferentes etapas de nuestra vida como el resultado y el compendio de lo que nos ha ocurrido y de lo que hemos logrado y de los que hemos realizado, como si fuera tan sólo eso lo que conforma nuestra existencia. Y olvidamos casi siempre que las vidas de las personas no son sólo eso: cada trayectoria se compone también de nuestras pérdidas y nuestros desperdicios, de nuestras omisiones y nuestros deseos incumplidos, de lo que una vez dejamos de lado o no elegimos o no alcanzamos, de las numerosas posibilidades que en su mayoría no llegaron a realizarse -todas menos una, a la postre-, de nuestras vacilaciones y nuestras ensoñaciones, de los proyectos frustrados y los anhelos falsos o tibios, de los miedos que nos paralizaron, de lo que abandonamos o nos abandonó a nosotros. Las personas tal vez consistimos, en suma, tanto en lo que somos como en lo que no hemos sido, tanto en lo comprobable y cuantificable y recordable como en lo más incierto, indeciso y difuminado, quizá estamos hechos en igual medida de lo que fue y de lo que pudo ser."
Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías
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