"Todos tenemos en el fondo la misma tendencia, es decir, a irnos viendo en las diferentes etapas de nuestra vida como el resultado y el compendio de lo que nos ha ocurrido y de lo que hemos logrado y de los que hemos realizado, como si fuera tan sólo eso lo que conforma nuestra existencia. Y olvidamos casi siempre que las vidas de las personas no son sólo eso: cada trayectoria se compone también de nuestras pérdidas y nuestros desperdicios, de nuestras omisiones y nuestros deseos incumplidos, de lo que una vez dejamos de lado o no elegimos o no alcanzamos, de las numerosas posibilidades que en su mayoría no llegaron a realizarse -todas menos una, a la postre-, de nuestras vacilaciones y nuestras ensoñaciones, de los proyectos frustrados y los anhelos falsos o tibios, de los miedos que nos paralizaron, de lo que abandonamos o nos abandonó a nosotros. Las personas tal vez consistimos, en suma, tanto en lo que somos como en lo que no hemos sido, tanto en lo comprobable y cuantificable y recordable como en lo más incierto, indeciso y difuminado, quizá estamos hechos en igual medida de lo que fue y de lo que pudo ser."



Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías

lunes, 20 de junio de 2011

De presidente a presidente

-Presidente, no hay un solo duro. Si lo había, ya no está disponible. Estamos a escasos meses de las elecciones y debería de ganar protagonismo.

-Usa el grupo de concejales como plataforma, presenta tus iniciativas. Ve preparando el programa.


-Desde las pasadas elecciones, todos los concejales hemos ido aportando una parte de la asignación y de las dietas de asistencia a plenos y comisiones a una cuenta bancaria. La idea era tener suficiente dinero para incrementar nuestra presencia en los meses previos a las siguientes elecciones. Si dispusiera de esos fondos, podría dar publicidad a las propuestas más relevantes y me ayudará a lanzar mensajes positivos. Lo necesitaría para comunicación, desayunos con prensa, eventos en los barrios…

-Pues eso te estoy diciendo.

-Bien, pero es que son Paloma y Esteo los que gestionan la cuenta bancaria. Debería haber cambios en el grupo, entonces.

Con la desgana característica con que siempre hablaba me dice:

- No, no. Deja el grupo como está. No lo toques.

- Vale, pero, presidente, ¿cómo lo hago, entonces? Encaro las elecciones con las cuentas a cero.

- No te preocupes. Lo estás haciendo bien (mientras me acompaña hasta la puerta de salida de su despacho)



Seguí su consejo y no hice nada. En la cabeza tenía no un cambio de portavoz, sino que en una reunión interna los concejales se retrataran y me dieran la responsabilidad de gestión interna. Nadie debía oponerse pues, en política, el mismo que te pone, te quita y no hay que pedir más explicaciones. Del mismo modo que no te las dan cuando te ponen. Y si se oponían, pues que cada uno asumiera sus responsabilidades.

Yo tampoco pedí ni una sóla explicación cuando me destituyeron, ni a Pío, ni a nadie. Ni siquiera cuando Moreno me eliminó de las comisiones informativas del Ayuntamiento, dejándome con una representación residual en el área de Seguridad. Por defecto, acato las decisiones una vez están tomadas y las hago mías. Y, a este respecto, sin reproches. Otra cosa es que que habría gustado ver que Pío esperaba, digamos, seis meses, y más cuando supe lo que a veces pienso que hubiera preferido no saber.

Cuando asumí la responsabilidad del grupo de concejales después de las elecciones del 95, la cuenta bancaria estaba cancelada. Tengo que hablar de cómo se cerró, pero tengo que encontrar antes el documento apropiado porque no me acuerdo bien de algún detalle y no quiero contar lo que no es. Igual, hasta pregunto a Paloma.

La barrera que separa una actividad de partido de una de grupo de concejales es muy fina y hay que tener muy claro que los recursos que el Ayuntamiento te da nunca deben usarse para el partido. Ni siquiera el inocente uso de una fotocopiadora. Otra cosa es que yo, como concejal del Ayuntamiento, pudiera realizar determinadas acciones naturales a mi función pública. No había ningún ilícito en ello, ni en la ética ni en la estética.

Con Pío, años más tarde, coincidí en un restaurante de la calle Bárbara de Braganza en Madrid. El destino, o el maitre más bien, les asigno a él y a su acompañante la mesa que estaba justo a mi espalda, muy pegada a mí. No me percaté de que era él hasta que escuché algunas partes de su conversación. Al abandonar yo el restaurante y pasar a su lado, los saludé tanto a él como al comensal que lo acompañaba y hablamos los tres durante unos minutos. Todo fue muy correcto, como no puede ser de otra manera. Bueno, excepto cuando me dijo que me veía muy gordo. De cualquier manera, fue una conversación educada, aunque él seguía hablando con la misma desgana. Y a José Manuel Fernández Norniella lo vi muy recuperado. Y yo me fui y los dejé con su conversación sobre Caja Madrid. Para que no parezca una actitud conspirativa diré que no trataron nada escandaloso, supongo que de serlo habrían elegido un reservado.

Mi compañero de pitanza y buen amigo, y que me esperó a la salida cuando me quedé con ellos, me dijo:

-No te dejes cegar por el brillo del poder. Son todos unos corruptos

-Estás equivocado. No todos.

No hay comentarios.: