Hablé con todos. Bueno, con todos no. Mucho antes de empezar todo el lío que supuso la confección de la candidatura del 95 y estando ya como presidente de la gestora y muy cerca del periodo electoral, hice algo que estimaba necesario: hablar con el actual grupo de concejales. Entiendo que no se den explicaciones cuando no entras en una lista del mismo mode que no te las dan cuando sales pero consideré que hacerlo era, al menos, correcto.
Me reuní con Paloma en el centro comercial del Sector III. En el mismo sitio donde meses más tarde me reuniría con la secretaria saliente del grupo, Olga Iglesias ("¿la acosada?") y su novio (¿cómo se llamaba? Domingo algo... no entiendo ni mi letra de la agenda) Allí Paloma me pidió que quería seguir siendo concejal. La escuché y, en una conversación muy breve, la dije que yo no contaba con ella, que tras mi nombramiento al frente de la gestora no había dado un paso al frente y que, si encontraba otros apoyos, que me lo hiciera saber. Pero que yo no contaba con ella. Naturalmente, no fue de su agrado oir aquello, pero no puede decir que no lo hice. Además, para Paloma todo esto era como un juego para pasar el rato. No tenía fundamento. No se tomaba nada en serio. Y eso a pesar de que, cuatro años antes y frente a lo que Pedro había contado a su grupo de seguidores, yo me había presentado en su casa para hacerle, delante de sus padres, la pregunta más ridícula que he hecho nunca. "Paloma, te tengo que presentar a Juan Tomás. Está buscando una mujer para la candidatura y me ha preguntado y he pensado en ti. Me ha pedido que venga a verte: ¿quieres ser concejal?" Paloma y su familia y yo nos conocíamos desde hacía muchos, muchos años antes. Aunque en realidad, la Paloma que yo conocía era otra.
Con Julio López, que había sustituido a Marín, no fue necesario hablar. El ya sabía que se iba a Pinto. No he vuelto a hablar nunca más con él pero creo que lo está haciendo muy bien allí.
A Juan José Duro tampoco le gustó nada. Creo que en este caso no manejé bien el "tempo" pues fue a la salida de una reunión con representantes de la pyme de Getafe en los Salones Emperador de la calle Fuenlabrada. De todas formas, le gustara o no, al menos no me puede negar el hecho de que se lo hiciera saber en persona.
Con esto daba por concluida una fase que consideraba necesaria.
El único concejal del grupo de Juan Tomás con quien no hablé fue con Emilio Fernández. ¿La razón? Porque yo no lo tenía descartado. Nunca tuve química con él pero me parecía trabajador, coherente y leal en la medida en que hubiera proyecto y se fuera leal con él. Sólo cuando empezó el drama de la discusión sobre la lista en Madrid, con la vorágine que aquello supuso, ese punto pendiente que tenía se me cayó de la agenda. No tengo claro si hubiera aceptado, pero al menos, me habría gustado hablarlo.
A pesar de toda la crítica recibida acerca de mi gestión, ¿hay algún otro candidato que haya hecho esto?
"Todos tenemos en el fondo la misma tendencia, es decir, a irnos viendo en las diferentes etapas de nuestra vida como el resultado y el compendio de lo que nos ha ocurrido y de lo que hemos logrado y de los que hemos realizado, como si fuera tan sólo eso lo que conforma nuestra existencia. Y olvidamos casi siempre que las vidas de las personas no son sólo eso: cada trayectoria se compone también de nuestras pérdidas y nuestros desperdicios, de nuestras omisiones y nuestros deseos incumplidos, de lo que una vez dejamos de lado o no elegimos o no alcanzamos, de las numerosas posibilidades que en su mayoría no llegaron a realizarse -todas menos una, a la postre-, de nuestras vacilaciones y nuestras ensoñaciones, de los proyectos frustrados y los anhelos falsos o tibios, de los miedos que nos paralizaron, de lo que abandonamos o nos abandonó a nosotros. Las personas tal vez consistimos, en suma, tanto en lo que somos como en lo que no hemos sido, tanto en lo comprobable y cuantificable y recordable como en lo más incierto, indeciso y difuminado, quizá estamos hechos en igual medida de lo que fue y de lo que pudo ser."
Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías
Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías
2 comentarios:
Joder, Juan Carlos, no vemos nada del mismo modo.
¿ En Pinto lo han estado haciendo bien ? ¿ Leemos los mismos periódicos ?.
A Emilio yo mismo le tanteé, pero decidió acompañar a Juan Tomás en su hundimiento ( creo que utilizo sus mismas palabras ) : no se veía trabajando bajo tu mando.
No estoy nada bien informado de Pinto y lo poco que me ha llegado de Julio no es negativo, más bien al contrario. Pero no tengo una opinión formada porque no he seguido su trayectoria en absoluto.
En cuanto a Emilio, desconocía que alguien le tanteara. A mí me habría gustado hacerlo y finalmente no pude. Como he comentado, no tenía claro que hubiera aceptado trabajar conmigo. Y me reafirmo en que, de todo lo que he visto en el mundillo político, ha sido de lo más coherente y por eso tiene mi respeto. Si se quería "hundir" con Esteo, era su decisión. De haber estado en mi mano, él podría haber elegido seguir o no.
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